Los Incas o el Horizonte Tardío

Según la lectura de los siglos XVI y XVII; unos publicados y otros inéditos, dejan entrever que la etnia inca no era otra cosa que una caravana de emigrantes escapados de Taipicala (ahora Tiahuanaco), que aproximadamente a fines del siglo XII de nuestra era actual, lograron zafarse y evadirse en busca de refugio entierras ubicadas al norte de su hábitat.

Manco Cápac, reconocido también con el nombre mitológico de Ayar Manco, fue pues, quien logró afincar a su gente en el paraje del Acamama (Cusco) donde Manco Cápac, hasta Wiracocha, se consideran reyes regionales que no lograron expandir sus territorios, hasta dominarlos plenamente, por encontrarse en permanente lucha con sus vecinos los Cañaris y los Canchas al sur y los Chankas al nor-este.

Toda la leyenda de los “orígenes” están ligados a la lucha entre diversos linajes del Cusco, ciudad que con el venir del tiempo se convirtió en la capital del reino.

El reino del Cuzco, por muchos años fue más bien modesto. No se sabe mucho de la época misma, pero las poblaciones realmente fueron pequeñas y aparte quizá del Cuzco mismo, no parecen haber existido otros grandes centros urbanos, es probable que mucho de los hermosos edificios del Cuzco fueran también de aquellos años.

Los edificios públicos eran construidos con un refinado gusto arquitectónico y un magnífico labrado de las piedras, pero todo eso se incrementó y mejoró en la época de la confederación y alianzas y despotismo.

En esta época se iniciaron luchas entre el naciente reino y otros pueblos, la lucha de las clases urbanas por el poder y los cusqueños lograron notables triunfos.

Una de las guerras, la más notable fue la que sostuvieron los cuzqueños con los Chankas. Los Chankas que eran los descendientes o quizá los invasores de los viejos Wari, vivían al norte del Cuzco, y cuentan los cronistas españoles que lograron sitiar la ciudad del Cuzco. Tamaña proeza solo pudo ser lograda por un bien organizado estado, de cuyos testimonios hay muy pocos narrados. Tenían los Chankas, jefes duales, llamado Anca Ayllu y Usko Willca, jefes guerreros. Durante el sitio “de la ciudad surgió un jefe entre los incas que logró dominar a los Chankas, liberando al Cuzco y sometiendo, finalmente, a los invasores. Desde entonces, comenzó una increíble cadena de conquista de los cuzqueños, quienes se expandieron, en unas pocas décadas, desde el sur de la actual Colombia hasta el Río Maule en Chile. Cuzco fue entonces el “Ombligo del mundo”.

El Cuzco se convirtió en un lugar de ensueño, lleno de palacios suntuosos, templos relucientes con paredes de oro y plata, recintos inmensos, llamados “coleas”, llenos de lienzos finísimos, vestidos y toda clase de lujos para el vestir y el adorno personal, llenos también, de granos, papas, quinua, maca, carne seca, y toda clase de alimentos disponibles en cualquier momento. Por las calles del Cuzco caminaban elegantes hombres, con magníficos atuendos polícromos de fina lana y algodón seleccionado, a veces con mantos cubiertos con exóticas plumas seleccionadas de pájaros extraños de la Amazonia, algunos de ellos en literas, cargados de súbditos y seguidos por sus mujeres, su guarda personal y esclavos.

El Cuzco era una ciudad rica, una ciudad bien provista de lienzos de lana de alpaca, llama o vicuña y de algodón. El gobernante, llamado Sapa lnka, aumentaba su simpatía y gratitud para con sus súbditos haciéndoles llegar obsequios en vestido y telas, aparte de que a sus más cercanos colaboradores les entregaba también mujeres.

Cada año, el lnka hacía que se reuniera a los jóvenes de todos los pueblos y los seleccionaba para vivir en un recinto, denominado “Aclla Wasi” casa de los escogidas, en donde las doncellas se dedicaban a preparar comida, y bebidas para el inca y su corte, pero sobre todo a hilar y tejer; las maestras llamadas Mamacunas las ilustraban en diversas artes que producían bellas telas para el Inca y su corte. Las Acllas podían ser conservadas en estado de virginidad y destinada al culto solar. Haciendo tejidos para el lnka durante toda su existencia, pero la mayoría de las veces eran entregadas por el inca a sus súbditos.

Pero las tareas de enriquecer las “Arcas del Estado” no era exclusiva de los “Acllahuasis”, pues en ellas iba también el trabajo de toda la población y si fuera necesario aumentar la población urbana conquistar otros territorios. Cada hombre, cada mujer, por ayllu debía entregar al Estado, una cierta cantidad de tributación. Los lnkas se apropiaron de todo aquello por la violencia, utilizando la diplomacia o directamente el despojo. Enviaban sus mensajeros a los señores de los territorios que ellos querían ocupar y sitales señores lo aceptaban, entonces les concedía privilegios o los asimilaba a la corte, pero si los señores se negaban a perder su independencia, los aniquilaban con su ejército y de todos modos se apoderaban de la región.

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